Testigos señalaron que el adolescente actuó con frialdad e incluso gritó antes de abrir fuego, lo que reforzó la hipótesis de que el hecho había sido planificado. Tras el ataque, un asistente escolar logró reducirlo hasta la llegada de la policía.
La investigación posterior reveló que no se trató de un hecho aislado. Peritajes sobre su actividad digital indicaron vínculos con comunidades en línea que glorifican masacres, como la denominada "True Crime Community", además de contactos con otros adolescentes. En ese marco, también fue detenido un menor acusado de encubrimiento.
Mientras avanza el proceso judicial y terapéutico, la posible vuelta del joven a clases abre un nuevo debate sobre los mecanismos de reinserción, la responsabilidad institucional y las medidas necesarias para prevenir hechos de violencia en el ámbito escolar.