Las señales de alerta suelen manifestarse en el cuerpo y la conducta: lesiones frecuentes, cambios bruscos de comportamiento, miedo, aislamiento o dificultades para confiar en adultos. Sin embargo, muchas veces esos indicios se minimizan o se naturalizan.
"Cuando el maltrato se vuelve cotidiano, deja de percibirse como un problema. Ahí es donde el sistema, pero también el entorno cercano, deja de reaccionar", advirtió la especialista.
Frente a estos escenarios, el abordaje requiere acciones concretas: escuchar sin cuestionar, intervenir con profesionales y activar redes de contención. La prioridad, coinciden los especialistas, debe estar puesta en la protección del niño, incluso por encima de los adultos involucrados.