Tras pasar varios meses detenido en Bouwer, acusado de formar parte de una banda que robaba celulares en bailes, el jueves pasado Orihuela acordó un juicio abreviado y quedó en libertad condicional. Volvió a la casa donde vive con su mamá, en Bajo Pueyrredón.
El viernes a las 20, en medio de los llamados "operativos saturación" que la Policía suele mostrar en algunos sectores de la ciudad, Orihuela fue detenido por una patrulla. Cuando lo vieron caminando por el barrio, lo controlaron y le pidieron el DNI. Al constatar el número, en la base de datos policial se constató que aparecían dos pedidos de captura: por el caso de los celulares robados, en el que acababa de ser condenado, y por otra causa en Gualeguaychú, en Entre Ríos.
Apenas lo trasladaron a la unidad judicial que funciona en la Comisaria 6, la funcionaria de turno constató que ambos pedidos ya habían caducado, que Orihuela no tenía deudas pendientes con la Justicia. Horas después, fue liberado.
Pero el sábado al atardecer, otra patrulla volvió a controlarlo en el barrio y todo se repitió: base de datos desactualizada con los pedidos de captura, por lo que otra vez lo llevaron a la Comisaría 6.
La misma funcionaria de la unidad judicial lo recibió. No podía creer que todo se repitiera en solo 24 horas. Orihuela quedó en una celda, mientras esperaban al médico forense que debía constatar que no había sufrido lesiones durante el arresto, trámite previo a la liberación.
La madre de Orihuela, cuenta ahora su familia, fue esa noche a llevarle un alfajor, algo para tomar y una campera. Pero no pudo verlo, ya que los policías le dijeron que estaba dormido. "Muy raro que mi hermano se haya dormido en una celda, no eran ni las 10 de la noche y ya sabía que lo tenían que largar", contaría después una hermana.
A la madrugada, una patrulla fue hasta la casa de la madre y le indicó que debía ir al Hospital Córdoba, que su hijo había tenido un "accidente".
En el reporte oficial, los policías dejaron asentados que esa noche, cuando abrieron la celda, encontraron a Orihuela ahorcado con su propio buzo. Que de inmediato se alertó a un servicio de emergencia. Y que después de largas maniobras de reanimación, lograron corroborar que tenía pulso y lo llevaron al Hospital Córdoba.
Allí, el primer informe de la guardia fue letal: muerte cerebral.
Pero el domingo, lo trasladaron al Hospital Eva Perón, que cuenta con un tomógrafo. El estudio arrojaba un hilo de esperanza: había actividad cerebral.
Ahora todo está en el terreno de la investigación judicial, con un interrogante crucial: ¿por qué un joven, dos veces detenido por error en sólo 24 horas, que ya sabía que iba a ser liberado, habría tomado semejante decisión?
Mientras la familia expone otra teoría, en la causa se intenta dilucidar, al mismo tiempo, qué falló dentro de los controles internos de la comisaría.
La hermana de Orihuela, Mariana, expresó a Cadena 3 su desconfianza hacia la versión policial: “Para nosotros no es así. Para nosotros en realidad lo que pueda haber pasado es que lo han golpeado y se le ha ido la mano”. También mencionó que su hermano presentaba un edema cerebral y complicaciones en un pulmón y un riñón.
Los familiares de Orihuela pidieron justicia y exigieron claridad sobre lo sucedido en la comisaría. “Todo lo que le pasó a mi hermano”, demandó Mariana, quien también comentó sobre las movilizaciones del barrio en protesta por la situación. “Ayer se movilizó el barrio donde vive mi hermano, pero la policía lo reprimió”, agregó.
La fiscal Silvana Fernández ha solicitado los celulares de los policías involucrados, así como las grabaciones de las cámaras de seguridad de la comisaría. Luego se apartó y el caso quedó en manos de su par Andrés Godoy.