Pero ahora esta novela del horror sumó un nuevo capítulo: en un país reconocido históricamente por la producción de carne vacuna, productores impulsan la venta de carne de burro para que las personas puedan, al menos, acceder a un pedazo de carne en las comidas diarias.
Gonzalo Moreira, dueño de una carnicería de la Ciudad de Buenos Aires, explicó por Radio 750 cómo fue este proceso y por qué, en una primera instancia, está a favor de que este animal, que hasta entonces no se consumía en el país, comience a ser faenado y vendido.
“Venimos con una recesión importante. No conozco comerciante que no atraviese una dificultad. El rubro viene castigado, más allá de que no tenemos una gran variación de precio. Todo se paga con tarjeta, se patea para adelante”, dijo a Mejor que mañana, con Tomás Méndez.
Luego, dijo: “Y la comida también se empieza a pagar en cuotas. Uno va reestructurando la venta. La gente pasó de la carne, que bajó un 20 por ciento de la compra, y pasó al cerdo o al pollo. Un kilo de carne vacuna va entre los 15 a los 18 mil pesos. Y el de cerdo está entre los 8 y 9 mil pesos”.
Ahora, apareció la idea de vender “burros patagónicos” cuya carne está en los 7.500 pesos. “Si es para afrontar la necesidad diaria, no digo que sea lo mejor… Pero hay gente que puede al menos a acceder a este tipo de comidas”, afirmó.
Luego, sostuvo: “No estoy de acuerdo. Pienso que no quiero comer un burro. Estamos acostumbrados a comer vaca. Pero esto si lo tengo que llevar para otro lado... A nadie le gusta comer conejo, pero se come de toda la vida”.