En esa línea, marcó un límite político a la Casa Blanca al advertir que Estados Unidos no puede imponer cómo otros países deben manejar sus intereses.
La postura británica no es nueva. Desde el inicio de la escalada entre Washington y Teherán, el premier sostuvo una línea de cautela, evitando comprometerse en acciones militares directas. Incluso tras el alto el fuego, que había sido bien recibido por Londres, insistió en que el objetivo central debía ser una salida duradera al conflicto.
En ese marco, el Reino Unido busca equilibrar su histórica alianza con Estados Unidos con la necesidad de resguardar su propio frente interno. Starmer reiteró en distintas ocasiones que no respaldará ofensivas militares y que cualquier decisión estará atravesada por el interés nacional, en especial ante el riesgo de represalias o atentados.