La iniciativa tuvo un impulso clave desde Bután, que desde hace décadas propone medir el progreso a través del indicador de "Felicidad Nacional Bruta" en lugar de centrarse únicamente en variables económicas tradicionales.
El planteo se basa en la idea de que el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza calidad de vida. En ese marco, organismos internacionales promueven un enfoque más amplio que incluya salud mental, educación, vínculos sociales, acceso a oportunidades y condiciones de vida dignas.
Uno de los instrumentos más difundidos en esta línea es el World Happiness Report, un ranking anual que evalúa el nivel de satisfacción de las personas en distintos países a partir de indicadores como ingresos, esperanza de vida, apoyo social, libertad individual y percepción de corrupción.
Más que una celebración, la fecha busca poner en evidencia las desigualdades y refuerza la necesidad de políticas que prioricen el bienestar colectivo, al tiempo que invita a revisar hábitos cotidianos, desde el cuidado de la salud mental hasta la construcción de entornos más saludables.