El crecimiento del consumo también se explica por transformaciones estructurales dentro de la cadena porcina. En las últimas décadas el sector realizó inversiones en genética, sanidad y alimentación animal, lo que permitió mejorar de manera significativa la calidad del producto final. Como resultado, hoy se obtienen carnes más magras que en el pasado y con perfiles nutricionales competitivos frente a otras proteínas animales.
La carne de cerdo aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas del complejo B, especialmente B1, y minerales como hierro y zinc. Además, su grasa intramuscular presenta un perfil considerado saludable. Cerca del 45% corresponde a Omega 9, el mismo tipo de ácido graso presente en alimentos como el aceite de oliva y las paltas.
A estos atributos nutricionales se suman ventajas prácticas en la cocina. La carne porcina admite preparaciones rápidas y sencillas, desde bifes a la plancha que se cocinan en pocos minutos hasta salteados para wok, cortes al horno o piezas pensadas para la parrilla. En muchos casos, además, presenta menor merma durante la cocción, lo que mejora el rendimiento real por kilo comprado.
La oferta también se amplió con la incorporación de nuevos productos frescos y elaborados. Hoy es habitual encontrar milanesas, hamburguesas, cortes marinados o piezas listas para cocinar. Lo que facilitó su incorporación en hogares donde históricamente predominaba la carne vacuna.
Un escenario que puede profundizarse
El mercado internacional también podría influir en la evolución de los precios. El nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos prevé ampliar el cupo exportador de cortes bovinos de alto valor. Lo que podría reducir la oferta disponible en el mercado interno para determinados productos. Si ese proceso se consolida, la presión sobre los precios de la carne vacuna podría intensificarse y ampliar aún más la brecha con la carne de cerdo.
De ocurrir ese escenario, la tendencia que hoy se observa en las góndolas y carnicerías podría reforzarse todavía más, consolidando al cerdo como una de las proteínas con mayor crecimiento en el consumo de los hogares argentinos.