La sombra del desempleo en CARSA S.A golpea sin tregua desde 2017, extendiéndose como una herida abierta en 2019, 2025, en abril y junio de este año, hasta el golpe final del pasado 29 de agosto, que dejó al borde del abismo al reducido grupo de trabajadores que aún permanece en la firma.
"Detrás de los expedientes y las cifras frías hay rostros, familias y años de vida entregados a una empresa que hoy les da la espalda. Con una soberbia inquebrantable, la gerencia general liderada por Ariel Viglione impuso una cruel sentencia moral: para ellos, quienes cruzan la puerta de salida y quedan fuera de la estructura, valen menos que los que continúan adentro. Esa misma deshumanización se repite hoy, mientras los accionistas optan por mirar hacia otro lado y evidencian que cumplir con las indemnizaciones jamás ha sido su prioridad", se lamentaron.
"Mientras los tiempos de la Justicia se estiran agonizantes, el síndico y los equipos legales repiten una promesa fría: pagar a medida que ingrese dinero. Pero las decisiones del gerente de finanzas se encargaron de asfixiar lo poco que quedaba en la caja, dejando el sustento de cientos de familias a la merced aleatoria de las cobranzas", mencionaron.
Por último, pidieron: "Ante la ley, el pago a los trabajadores debería ser sagrado. Sin embargo, la incertidumbre asfixia el día a día de cada exempleado que hoy transita una realidad desoladora. No están solos en la calle; son miles los que golpean puertas buscando una oportunidad en un mercado saturado. Por eso, el grito es desesperado: se apela al contador Benítez (síndico) y al juez Lavenas para que intervengan, analicen el dolor humano detrás de los papeles y agilicen los tiempos, evitando que el trabajador deba endeudarse aún más para pagar un abogado que defienda lo que, por derecho, les corresponde".