Se lanzó un proyecto de colegiatura y matriculación la profesión, de modo tal que quien no la tuviera no podría ejercer el periodismo de oficio. La medida no sólo se oponía a la ley del Estatuto del Periodista sino que, además es inconstitucional por contradecir la Carta Magna y decisiones al respecto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Mientras tanto, los insultos de Milei en redes sociales nunca cesaron. Bajo la acusación de que el periodismo era parte de la “casta” contra la que él combate, el mandatario tildó con cuanta figura que se le ocurriera a quien lo cuestionara: ensobrados, charlatanes, ratas, zoológico de corruptos, sicarios con micrófonos y miserables fueron algunos de los términos que él utilizó y cuya mención con comillas ralentizaría la lectura. Aunque “basuras que se esfuerzan por romper el soretómetro”, merece un trato aparte.
“Lo medios mienten todo el tiempo”, atizó más de una vez el Presidente, y el axioma de “no odiamos lo suficiente a los periodistas” se multiplica por mil en el timeline de su cuenta en la red